En Honduras sucede lo que sería el Sueño Dorado de todo Masajista Profesional, la prisión del dueño de una casa de prostitución travestida de  spá.

“De forma oculta las jóvenes eran obligadas a brindar servicios sexuales, por media hora cobraban 300 lempiras y el dueño solo les pagaba 100, según investigaciones.”

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San Pedro Sula, Honduras.
Una denuncia anónima originó una amplia investigación que llevó a ubicar en una vivienda de la colonia Trejo, en San Pedro Sula, un centro de masaje donde eran explotadas ocho mujeres originarias de San Pedro Sula.

El spa identificado operaba desde hace dos años y ofrecía, según los avisos publicitarios, como un lugar para relajamiento donde además prometían consentir a los clientes con chicas hermosas.

Para corroborar la información, el Ministerio Público asignó mediante la Unidad contra la Explotación Sexual y Trata de Personas de la Fiscalía de la Niñez, a varios agentes investigadores y analistas para determinaran la veracidad de la denuncia.

Tras tres meses de seguimiento se confirmó que en el lugar seis mujeres eran explotadas sexualmente. Cuando confirmamos la información se solicitaron al juzgado los allanamientos y que nos autorizaran la figura del agente encubierto”, explicó el fiscal a cargo del caso.

Al obtener las autorizaciones, el grupo ejecutó el allanamiento donde encontraron a las seis mujeres y detuvieron al dueño del local que fue identificado como Josué Isaías Reyes Portillo (27), el que fue presentado ante el juez, donde tras la audiencia se le dictó detención judicial.

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En el “centro de masajes” encontramos a seis mujeres que eran víctimas de la explotación sexual que contra ellas efectuaba el dueño del negocio. Desde que ingresamos estuvieron dispuestas a colaborar en el caso y rindieron su declaración ante el juez como prueba anticipada, explicó un investigador de la Dirección de la Policía de Investigación.

Las autoridades informaron que el dueño del local tenía dos años de operar en la zona, reclutaba a las jovencitas a través de avisos, una vez que llegaban las entrevistaba y las vestía de manera provocativa.

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Las jóvenes ante la falta de empleo accedían a dar los servicios en el centro, pero no eran permanentes; muchas de ellas se negaban a ir más allá que un simple masaje y abandonaban el trabajo el primer día.

“Las muchachas cuando iniciamos la investigación eran otras jóvenes las que fueron encontradas cuando los agentes encubiertos llegaron para detectar las operaciones en el local. Algunas de ellas, el día del allanamiento, habían comenzado a trabajar, no se detectaron menores, todas eran mayores de edad originarias de San Pedro Sula”.

Las víctimas relataron que por media hora de servicio en una habitación sencilla cobraban 300 lempiras; pero si la sesión incluía sexo oral, anal, vaginal o masturbación, el precio era de 400 lempiras. De ese dinero, las jóvenes solo recibían 100.