La economía argentina se contrajo un 2,7 por ciento en julio, según el último informe publicado por la agencia de estadísticas Indec. Esta cifra marca el cuarto mes consecutivo de descenso, con la producción acumulada para el año, entre enero y julio, registrando un 0.8 por ciento negativo.

La curva comenzó su descenso en abril con una disminución del 0.6 por ciento y entró en su colapso actual en mayo, cuando la fatídica combinación de la primera etapa de la carrera sobre el peso y la escasa cosecha que afectó al sector agrícola – resultado de una larga sequía – produjo sus primeros efectos.

Se espera que la economía continúe disminuyendo hasta el final del año: en su proyecto de ley de presupuesto para 2019, el gobierno estimó que 2018 terminará con una recesión equivalente al 2,4 por ciento del PIB.

Cuando se trata de términos mensuales, la economía creció en 1.4. Esta cifra puede explicarse principalmente por el menor impacto de la sequía en el producto del sector agrícola, que representa un gran porcentaje de todo el panorama económico: mientras que la producción en los últimos tres meses se contrajo en aproximadamente un 30 por ciento en promedio, lo hizo por 10 por ciento en julio.

Otros grandes sectores de la economía que experimentaron una fuerte caída en sus cifras fueron la industria y el comercio minorista, con contracciones respectivas de 5.1 y 6.4 por ciento. Los sectores que más crecieron, en cambio, fueron la intermediación financiera (7,1 por ciento) y la electricidad, el gas y el agua (3,9 por ciento). Esto último se debió en gran medida al aumento de la actividad en la región de vaca muerta, en la provincia de Neuquén.