Un tribunal federal ha dictado 13 condenas por crímenes de lesa humanidad por crímenes cometidos en Córdoba de 1975 a 1978, incluida una cadena perpetua.

Las condenas se refieren a crímenes cometidos en los centros de detención ilegal conocidos como D2 y Campo La Ribera en Córdoba, dirigidos por el ala de inteligencia de la policía provincial y el Ejército respectivamente. El juicio comenzó en noviembre de 2017 con el represor de la dictadura Luciano Benjamín Menéndez, quien falleció en febrero de este año, entre los acusados.

Los jueces federales Julián Falcucci, Jaime Díaz Gavier y Juan Carlos Reynaga condenaron hoy al teniente coronel retirado Jorge Navarro González a cadena perpetua. González Navarro fue declarado culpable de “repetidas detenciones ilegales, repetidos toros agravados y repetidos homicidios agravados” en múltiples cargos. García Navarro era miembro de la IV Brigada Aerotransportada (Brigada Aerotransportada) del Ejército en Córdoba en ese momento.

Según Télam, las condenas dictadas hoy son parte de un caso que involucra a 61 víctimas. Seis de los 19 acusados ​​fueron absueltos por los jueces.

Además de García Navarro, Héctor Hugo Lorenzo Chilo recibió 17 años de prisión, Rubén Osvaldo Brocos y Luis Gustavo Diedrichs ocho años cada uno, Héctor Vergez y Ernesto Guillermo “Nabo” Barreiro 12 años de prisión, Alberto Luis Choux una sentencia de 11 años , Calixto Luis Flores, Mirta Graciela Antón y Enrique Alfredo Maffei una sentencia de 10 años, Carlos Alberto Díaz nueve años, José Luis Yañez seis años y Jorge Ezequiel Acosta una sentencia de 3 años. Los acusados ​​fueron condenados por una variedad de cargos de detención ilegal, homicidio y tortura.

Yamil Jabour, Juan Eduardo Ramón Molina, Eduardo Grandi, José Andrés Tófalo, Ricardo Lardone y Oreste Valentín Padován fueron absueltos.

El fiscal Maximiliano Hairabedián fue citado diciendo que estaba “satisfecho” con las sentencias, pero agregó que sentía que el tribunal podría haber otorgado sentencias de prisión más largas.

A su vez, los familiares de las víctimas protestaron, diciendo que sentían que las sentencias eran demasiado indulgentes.