El nombramiento de Casado, un legislador que ha prometido esperanza con una renovación generacional del partido, será visto como una sacudida a la derecha para el partido.

Adoptó una posición de línea dura respecto de la crisis de la independencia de Cataluña y pidió que se agreguen delitos como la convocatoria ilegal de un referéndum al código penal para impulsar la respuesta legal de España ante la amenaza de la secesión.

Casado también está en contra de la despenalización de la eutanasia promovida por el gobierno socialista y quiere reducir los impuestos a las ganancias y corporaciones.

Tendrá que dar vida a un partido que perdió tres millones de votantes entre las elecciones generales de 2011, cuando Rajoy ganó la mayoría absoluta y las últimas encuestas en 2016.

Muchos han emigrado a Ciudadanos, un partido de centroderecha, enojados por la serie de escándalos de corrupción que afectaron al PP en los últimos años.

La destitución de Rajoy fue en parte vista como una censura por su manejo de la crisis de independencia de Cataluña, y por la percepción de que era débil para acabar con el soborno.

Después de una dura campaña en la que se lanzaron videos misteriosos atacando a ambos candidatos, 3.082 delegados votaron por el sucesor de Rajoy, quien habló por última vez como líder del PP el viernes.

En un discurso largo y emotivo, el hombre de 63 años que había sido una figura importante de la política española en los últimos 14 años pidió a los miembros del PP que sean responsables en el desempeño de sus funciones.

En mayo, un tribunal anunció que había condenado a ex funcionarios del PP, empresarios y sus cónyuges a un total de 351 años de cárcel por su papel en un gran plan de sobornos conocido como el caso Gurtel.

Resultó ser un escándalo de corrupción demasiado para el PP, que ha sido golpeado por una serie de acusaciones de corrupción, y Rajoy se fue una semana después.

Santamaría, de 47 años, que sirvió durante seis años como diputada de Rajoy, destacó su experiencia antes de la votación, pintándose a sí misma como la única candidata con la suficiente seriedad para derrotar al actual primer ministro socialista, Pedro Sanchez, en las elecciones de 2020.